La Espada

La Espada

Espada 1




Col. Las Mandarinas    

 

Email: laespad@gmail.com             

Noviembre   2007                 No. 1
                       

 


REVISANDO LA REVISION DE 1960
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Un estudio crítico de la Revisión de 1960 de la Versión Castellana Reina–Valera de la Santa Biblia, a la luz de la "sana doctrina".

"Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo" (2 Timoteo 2:7)

La traducción de las Sagradas Escrituras de sus idiomas originales (hebreo, arameo y griego) a una gran mayoría de las lenguas que se hablan en el mundo, puso la Palabra Inspirada de Dios al alcance de la humanidad. Eruditos y fieles creyentes de diversas épocas se dedicaron con esfuerzo a esta noble tarea para que "la Palabra del Señor corra y sea glorificada" (2ª Tes. 3:1).

Como fuera revelado proféticamente por el Señor y luego anunciado por sus apóstoles, en los últimos tiempos se levantarían "falsos maestros", que por haber escuchado a "espíritus de error y a doctrinas de demonios" (1 Ti.4:1), traerían "otro evangelio" (Gá.1:6-7), con el cual "engañarán, si es posible, aún a los escogidos" (Mt.24:24).

Tales "vientos de doctrina" soplaron con fuerza a fines del siglo XIX y principios del siglo XX a través del así llamado "modernismo doctrinal" y del "neomodernismo", corrientes teológicas que rechazan la inspiración verbal y plenaria de las Santas Escrituras y mutilan o reinterpretan los textos desconociendo su valor histórico y doctrinal. Dichas corrientes niegan, por ejemplo, desde la Deidad Esencial y Propia del Señor Jesús, Su nacimiento virginal, Sus milagros, hasta la redención por Su Sangre, Su resurrección corporal, etc. Pretenden reinterpretar las Escrituras calificando muchos de sus registros como relatos alegóricos carentes de veracidad histórica, de los cuales se necesita extraer las enseñanzas espirituales que pudieran contener.

A ello se unen otros vientos doctrinales procedentes de las mismas "puertas del infierno" que los anteriores: los movimientos ecuménicos que desde mediados de este siglo intentan arrastrar tras una falsa unidad a cristianos evangélicos con católico–romanos, ortodoxos y aún con judíos y otras religiones no "cristianas". Tras esa corriente se han "unido" diversas denominaciones evangélicas y han llegado a proponer la finalización de la obra misionera de evangelización.

Iglesias fundamentales en todo el mundo rechazaron tales corrientes de pensamiento; sin embargo éstas han inundando seminarios y escuelas de Teología de muchas "denominaciones" protestantes, y han hecho sentir su influencia en las nuevas versiones de la Biblia. Con el argumento de actualizar el lenguaje y hacerlo más sencillo y accesible al pueblo, no se ha cuidado la "sana doctrina" permitiendo cambios que adecuan el texto bíblico a la tendencia teológica dominante de corte modernista y ecuménico.

Así ocurrió con versiones inglesas de las Sagradas Escrituras, como "The New English Bible" publicada en Inglaterra o la "Revised Standard Version" en Estados Unidos (1953), que suscitaron fuertes reacciones de cristianos fundamentales en la fe. Posteriormente continuó hasta el día de hoy la revisión y publicación de nuevas versiones en inglés: "Good News For Modern Man" (1966), "The Living Bible" (1967) "New American Standard Version" (1960), "New International Version" (1973), "New King James Version" (1979), "New Revised Standard Version" (1990), todas ellas denunciadas por fieles creyentes que defienden la todavía ampliamente usada versión "King James".

También en idioma español, la "Revisión de 1960" de la Versión Reina–Valera suscitó en ese tiempo firmes resistencias y denuncias, al punto que no se interrumpió la impresión de la Antigua Versión de 1909 como era la intención original de Sociedades Bíblicas.

Posteriormente nuevas versiones se han multiplicado, las cuales no hicieron sino profundizar cambios en la misma dirección, respetando aún menos los textos originales, en pos de manuscritos corruptos tenidos por "más antiguos". Entre otras, se destacan nuevas revisiones de la Versión Reina–Valera en 1977, 1989 (Versión Reina–Valera Actualizada) y 1995 (Edición de Estudio), la Versión Popular "Dios Habla Hoy" (1966, 1970, 1979, 1983, 1994), la "Biblia de las Américas" (1995), la "Nueva Versión Internacional" (Nuevo Testamento con Salmos y Proverbios: 1979, 1985, 1990, 1995), etc.

En este estudio solamente se contrastan algunas partes de la Versión Castellana de las Sagradas Escrituras de 1909 o Versión Antigua, que ha sido motivo de indebidos cambios en la nueva Biblia oficialmente llamada "REVISIÓN de 1960" editada por las Sociedades Bíblicas en América Latina.

 

RAZONES DE UNA INSISTENCIA

Como es sabido, las Sociedades Bíblicas Unidas vienen publicando desde hace ya muchos años, una nueva Biblia en idioma Castellano codificada como "Revisión de 1960 de la Antigua Versión Reina–Valera" (datada en 1569 y 1602, con revisiones en 1862 y 1909).

Dijo el Señor: "El que me ama, mi palabra guardará" (Juan 14:23).

Es obvio que "guardará" tiene aquí, primariamente, el sentido de "obedecer". Pero también es obvio que para poder "obedecer" la Palabra, necesitamos primero conocerla y esto, a su vez, hace imprescindible que podamos tenerla a nuestro alcance en alguna forma concreta y consultable. Esa forma concreta es, para nosotros hoy, sólo una: Las Santas Escrituras. Y esto —que es indiscutible— nos trae a considerar el hecho final de que debemos también "guardar" las Escrituras, en el sentido de "preservarlas" o "conservarlas" en su integridad y pureza, sin alteraciones, pues cualquier alteración en sus registros altera automática y proporcionalmente, la Palabra a obedecer. Resumiendo: "mi palabra guardará", tiene, para nosotros, una imprescindible connotación Escritural, es decir, una forzosa relación con las Santas Escrituras, con un doble deber: (1) obedecerlas, (2) preservarlas.

Por lo tanto, cuando llegamos a tener conciencia de que ciertas "revisiones" han afectado la Palabra, debemos "protestar" los hechos, dando un claro testimonio que redarguya el error y vindique la verdad. Nos lo exige nuestro deber de "preservar" las Escrituras para poder cumplir nuestro deber de "obedecer" la Palabra. Si amamos al Señor, debemos hacerlo, pues: "el que me ama, mi palabra guardará"!

Muchos hermanos han aceptado confiadamente las "nuevas" Biblias, confiando principalmente en los “expertos” y “eruditos”, pero que sin embargo están llenos de incredulidad, pero harían bien en reexaminar los hechos a la luz de la Biblia, a fin de tomar la actitud correcta que demandan la Caridad correcta y el reverente temor de Dios.

El Sello De Autenticidad Y Autoridad Literaria

".... Preguntad por las sendas antiguas..." (Jer.6:16)

La exégesis tiene mucho que decir respecto del texto con que intitulamos esta primera parte de nuestro estudio. Pero permítasenos tomar solamente su obvia exhortación y usarla como una analogía para así inmediatamente inquirir:

¿Dónde está el Sello Antiguo, de Autenticidad y Autoridad Literarias, que tenía la Versión Castellana "Reina–Valera" de las Santas Escrituras, en la frase de su título? ¡Pues ha desaparecido!

LOS HECHOS

Por espacio de 51 años (1909-1960), la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, luego Sociedades Bíblicas Unidas, nos dieron una Versión de las Santas Escrituras en idioma Castellano, que, por su alta fidelidad a los Textos de los idiomas originales Hebreo y Griego y por la hermosura de su estilo, llegó a ser muy amada por sus amigos y hasta respetada por sus enemigos: la Versión de 1909, conocida popularmente hoy día como la Versión Antigua.

En su primera página impresa, la frase de su titulo, decía:

"LA SANTA BIBLIA.

ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO.

ANTIGUA VERSIÓN DE CASIODORO DE REINA (1569) REVISADA POR CIPRIANO DE VALERA (1602), Y COTEJADA POSTERIORMENTE CON DIVERSAS TRADUCCIONES Y CON LOS TEXTOS HEBREO Y GRIEGO"

Huelga decir que esa frase no traduce a los Textos originales de las Escrituras, pero sus últimas palabras se relacionan con ellos y por lo que implica la entera última sentencia, resultan de suprema importancia para nuestra Versión Castellana: "Y COTEJADA POSTERIORMENTE CON DIVERSAS TRADUCCIONES Y CON LOS TEXTOS HEBREO Y GRIEGO". Técnicamente, esas palabras pueden definirse como la "correlación documental" de la Versión, al dar cuenta de su debido cotejo, no sólo con "otras traducciones", sino "con los textos Hebreo y Griego". Por lo tanto, vienen a resultar el Sello de Autenticidad y Autoridad Literarias de nuestras Biblias en idioma Español.

De hecho: toda Versión Bíblica, o sea, toda traducción de las Escrituras, debe llevar alguna constancia que informe de qué idiomas fue traducida. Debe saberse, ni bien se abre una Biblia, si se trata de una traducción de los originales Hebreo y Griego o; caso contrario, si se trata de una traducción de otras traducciones y en tal caso de cuáles (Septuaginta, Siríaca, Vulgata Latina, etc.). Y toda Sociedad Bíblica que se precie, tomará especial cuidado de que ese sello no falte, pues además de autenticar la Versión, va en ello colateralmente involucrada y comprometida, su propia honestidad y responsabilidad. Es una cuestión de ética profesional y cristiana.

Pero: en las últimas entregas de la Versión Antigua, las Sociedades Bíblicas han quitado aquel sello. Y en su lugar han puesto: "OTRAS REVISIONES: 1862; 1909".

Además, en la nueva Biblia Revisión de 1960, ese sello tampoco aparece, leyéndose en cambio: "OTRAS REVISIONES: 1862, 1909, 1960". De modo que actualmente tenemos: (1) Biblias Versión Antigua, unas con la nota y otras sin ella; (2) Biblias Revisión de 1960 sin la nota.

Cabe preguntar: ¿Por qué fueron quitadas esas palabras de la Versión Antigua? La pregunta es pertinente, pues los procedimientos demuestran una dualidad de criterio, que lo sagrado de la materia exige clarificar.

Naturalmente, no se nos escapa que quizá lo único que se tuvo en mente fue el deseo de simplificar y codificar la frase uniformando su enunciado. Pero tampoco se nos escapa que el criterio prevalente fue absolutamente negativo. Lo positivo hubiera sido perfeccionar la frase y no cercenarla. Muy ligeros cambios bastaban para lograrlo. Por ejemplo: OTRAS REVISIONES: 1862, 1909. COTEJADA CON DIVERSAS TRADUCCIONES Y CON LOS TEXTOS ORIGINALES HEBREO Y GRIEGO. Tal o parecida redacción hubieran dejado la frase esencialmente intacta y aún enriquecida. Pero no se obró así. Se optó por la supresión de una constancia vital y, como resultado; quien abra las actuales Biblias, no sabrá si nuestra Versión Castellana tiene o no alguna relación con los Textos originales Hebreo y Griego, o si es una simple traducción de otras traducciones. Se ha dejado, pues, a la Versión Castellana, sin dar razón de sus fuentes.

Tan negativa digitación, —duele decirlo— transparenta serias lagunas en la reflexión de los responsables: (a) inadecuada captación de los valores, pues han sacrificado algo que es esencial para enfatizar únicamente a lo segundo en el orden; (b) falta de percepción o falta de estimación adecuada, de las consecuencias reales y probables de tal acción; (c) lamentable falta de consideración para con la misma Palabra de Dios que nos ha sido dada en la Versión Antigua y para con las Iglesias que perseveran en su exclusivo uso, como también para con los funcionarios y Sociedades Bíblicas del pasado que redactaron e imprimieron la primitiva frase, y finalmente, para con la Revisión de 1960 y las Iglesias que confiadamente la han adoptado.

LAS CONSECUENCIAS

(1) La Palabra de Dios y, junto a ella, sus antiguos publicadores, quedan expuestos innecesariamente a injusta crítica y aún traídos bajo sospecha de inexactitud o error. En efecto: tómese la Versión Antigua y considérese lo que implica que antes tenía un sello de autenticidad documental y ahora le ha sido quitado. ¿Por qué? Cualquier suposición es posible. Tómese la Revisión de 1960 que carece de constancias. ¿Por qué? Cualquier suposición es posible. ¿Y qué de los funcionarios y Sociedades Bíblicas del pasado? ¿Se equivocaron cuando redactaron la nota o fueron muy atrevidos en mencionar "originales"? En último análisis, sombras de descrédito y aún de duda pueden ser echadas sobre un pasado, que, sin merecerlo, puede ser traído a reexamen y sujeto a veredicto de competencia.

(2) Neófitos quedan imprudentemente expuestos a todo viento de tendencias antagónicas. Quien abría una Biblia Versión Antigua que tenía la nota, quedaba inmediatamente informado de que los idiomas originales eran el Hebreo y el Griego y que esa Biblia había sido cotejada con ellos, de modo que tenía en sus manos documentos fidedignos y confiables. Pero ahora, sin constancias, un neófito queda en su ignorancia o en incertidumbre o expuesto a serias dudas ante los avances de cualquier advenedizo interesado en desprestigiar a los Cristianos Evangélicos "y sus Biblias Protestantes"... como algunos las llaman.

(3) La difusión de la Palabra de Dios y la obra de distribución de Biblias y el evangelismo pueden resultar afectadas, pues Biblias sin constancias de fuentes de origen, quedan en desventaja ante otras que las tienen. Y tal hecho se torna candente, si se considera que Biblias Católicorromanas, en este punto, sacarán ventaja en una confrontación.

(4) Biblias Evangélicas disminuidas o en desventaja ante las discutibles Versiones Católicorromanas. ("discutibles" sí, por la inclusión en ellas de los libros apócrifos y por el tenor de muchas de sus notas, además de otras consideraciones de carácter textual)

Por vía de ejemplo: En la Versión Castellana editada por el Centro de Ediciones Paulinas en el año 1964 y distribuida a través del mundo se han impreso nada menos que siete veces, constancias de validez documental: dos veces en la sobrecubierta, una en su interior, luego en páginas II, III y X, repitiéndose vez tras vez: "LA SANTA BIBLIA. TRADUCCIÓN DE LOS TEXTOS ORIGINALES AL ESPAÑOL", y finalmente, en páginas XX, XXI y XXIII, sendas notas sobre los Textos Hebreo y Griego. Ciertamente, no hace falta ser perito en el arte de la comunicación, para apercibirse de que tan excesivo énfasis contiene una sobre carga de intención psicológica que bien puede tener dos alcances: por un lado, un obvio efecto propagandístico que puede pasar por candorosa estima y alta recomendación de la Versión ante cualquier lector, y por otro lado, filosidad de espada apuntando sutilmente con intención de contienda.

Ellos no se descuidan y saben cubrir todas las eventualidades, aún a riesgo de notoria oficiosidad. Y aunque nada de ello nos atemorice, el hecho permanece: la Biblia Católico–Romana editada por el Centro de Ediciones Paulinas, tiene siete protestas de autenticidad documental, contra ninguna en las Biblias Evangélicas editadas por Sociedades Bíblicas Unidas.

Y debe ser dicho: la Palabra de Dios no debió jamás ser colocada en esa posición, ni tampoco lo merecían las Iglesias Evangélicas de habla Hispana.

La Demanda

Razones de Bíblica autenticidad; razones de Evangelismo y Apologética; razones de dignidad y concepto Evangélicos; razones de ética profesional y Cristiana, demandan que las Sociedades Bíblicas Unidas vuelvan a imprimir la frase con el sello de autenticidad documental, en la Versión Antigua de las Sagradas Escrituras en idioma Castellano.

Caso contrario, quedará latente la interrogante desprendida de nuestra analogía del principio: ¿Qué habéis hecho de las "sendas antiguas"?

Títulos Incorporados Indebidamente Al Texto Bíblico

"No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella" (Dt.4:2)

Previamente, recordemos aquí que la Biblia Versión Antigua tiene ciertas sentencias precisas —no títulos— impresas fuera del Texto Bíblico (en la parte superior de las páginas) y en tipo de letra diferente (letra bastardilla). Tal proceder es correcto, pues no permite que esas inscripciones sean confundidas con el Texto. Además, sus enunciados son sanos, lo cual las hace útiles

Pero: en la nueva Biblia Revisión de 1960, esas sentencias marginales han sido eliminadas y en su reemplazo, han sido incorporados al Texto Bíblico, ciertos "TÍTULOS" sobre "SECCIONES" de la Palabra de Dios; impresos con idéntico tipo de letra que el usado para el Texto pero en realce (en letra negrita), y sin advertencia alguna para el lector.

"SECCIONES" y "TÍTULOS". Así los definieron las mismas Sociedades Bíblicas, en un folleto titulado: "La Biblia Reina–Valera. La Revisión de 1960", pag. 6: "una característica interesante de esta nueva edición de la Biblia, es la división del texto en secciones y el uso de títulos con el fin de identificar el contenido de cada sección". Y agrega: "Así podrá el lector reconocer de inmediato no solamente los pasajes familiares, sino también el sitio donde comienza y termina cada sección" (El subrayado es nuestro).

Tales hechos, no deben ser aceptados sino protestados, por las siguientes razones:

(1) Porque esos "títulos" no se hallan en los Textos originales Inspirados por Dios. Por lo tanto, el hecho de incorporarlos al Texto, constituye flagrante trasgresión al mandato de "no añadir" a la Palabra.

(2) Porque esa "presencia" dentro del "cuerpo" Bíblico, los hace aparecer como si fueran tan Inspirados por el Espíritu Santo como el Texto mismo y, consecuentemente, como teniendo igual autoridad, inerrabilidad y derechos hermenéuticos (derechos de ser interpretados y de ser partes en la interpretación del entero pasaje). Todo ello es arbitrario; y es peligroso, pues si el enunciado de esos "títulos" no fuera correcto, inducirán a error y afectarán al significado del Texto.

(3) Porque, en sana doctrina, no puede esperarse la asistencia del Espíritu Santo a una tarea que el mismo Espíritu no puede aprobar. Luego: tales "títulos", no tienen autoridad divina sino humana; son el mero fruto de estimaciones subjetivas de comentadores falibles, huérfanos del auxilio de Dios; y podrán ser quizá buenos o quizá malos, con probabilidad mayor de lo segundo, sea por errar en la captación del contenido de la "sección" intitulada, u omitir, reducir, o exceder, sus hechos y significados. Y en vez de ayudas, pueden resultar piedras de tropiezo.

(4) Finalmente, porque esos "títulos" (sospechables) han sustituido a excelentes sentencias marginales de la Versión Antigua, cambio también indebido. Es importante notar aquí, que, el caso con la Revisión de 1960 tiene dos lados: (a) no se trata solamente de lo que ha sido incorporado a la misma, sino (b) se trata también de lo que ha sido quitado de la Versión Antigua para ello, sin que mediara ninguna razón de fundamento: ni textual, ni exegética, ni idiomática!

EXAMEN DE ALGUNOS "TITULOS"

Se impone, pues, examinar tales "títulos", lo cual haremos seguidamente, considerando algunos ejemplos de menor o de mayor cuantía, pero todos igualmente sintomáticos.

i. Sobre Éxodo 36: 2-7

La Revisión de 1960 lee: "Moisés suspende la ofrenda del pueblo".

"Suspende", de "suspender", significa en el uso común "hacer cesar momentáneamente". Pero, según el texto, Moisés mandó que las ofrendas cesaran no momentánea sino definitivamente, porque el pueblo traía más de lo que era menester para la construcción del Tabernáculo, ¡y sobraba! (v. 5 a 7).

Es obvio que el "título" ha restringido los hechos esenciales del pasaje, pues reduce el alcance de la orden de Moisés y nada dice de la bendita causa que la fundamentó y que puede ser de gran estímulo para nosotros hoy.

Una idea cabal del "contenido de la sección", la hubiera dado, por ejemplo: "Moisés manda cesar las ofrendas del pueblo, pues sobreabundaban", o cosa así.

ii. Sobre Nehemías 7: 1-4

La Revisión de 1960 lee: "Nehemías designa dirigentes".

"Dirigentes" ("los que dirigen", en sentido de "gobernar"), es una palabra que debe usarse con cuidado, pues suele aplicársela indebida y abusivamente.

En la sección intitulada, sólo en el v. 2 se nombra a Hanani, hermano de Nehemías y a "Hananías príncipe del palacio de Jerusalem", como principales. Pero en los v. 1 y 3, se nombran porteros, cantores, Levitas, guardas (o centinelas y guardianes), y tal variedad de oficios y funciones ciertamente no está representada en el "título", que resulta así incompleto. Todo el énfasis ha sido cargado en el v. 2 y nada dice de las otras partes de la sección. Además de eso, está la potencial dificultad de que un lector poco avisado no se aperciba de ello y piense que "dirigentes" vale para todos los oficios mencionados en la entera sección y hasta pueda ser inducido a ciertas comparaciones o analogías incorrectas.

"Nehemías asigna distintos cargos y tareas" nos parece hubiera sido mejor.

iii. Algunos "títulos" en el libro de Job.

(a) Sobre Job cp. 7: "Job argumenta contra Dios".

(b) Sobre Job cps. 16 y 17: "Job se queja contra Dios".

Aquí tratamos con asuntos más graves.

No es constructivo enfatizar solamente lo antagónico: "Job... contra Dios", dejando de lado otros aspectos del texto que —por lo menos— insinuarían que una actitud tal está básicamente equivocada y darían, además alguna idea de la turbación espiritual de Job y los encontrados sentimientos que agitaban en tales momentos su atribulado corazón, como Job mismo lo declara: "Hablaré en la angustia de mi espíritu y me quejaré con la amargura de mi alma" (7:11); "mi rostro está enlodado con lloro..." (16:16).

Cuán distinta 1a Versión Antigua, que, señalizando el cp. 7, dice: "Job... justifica sus lamentos"; y sobre cps. l6 y 17: "Quéjase Job de sus amigos y se lamenta de su mal"; expresiones más respetuosas del texto y además, reverentes.

(c) Sobre Job cp. 24, la Revisión de 1960 ha puesto: "Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad".

Caso gravísimo. Tal "título" no es correcto, ni sensato, ni edificante en modo alguno (comparar Ef. 4: 29). No es correcto, porque no capta ni refleja el real sentido del texto. No es sensato, porque por su modo de expresión facilita motivos a la más extrema línea de pensamiento izquierdista–revolucionario de quienes gritan "la religión es el opio de los pueblos" y que "hay que hacerse justicia por las propias manos", etc. No es edificante, porque a simple vista produce la impresión de que Job tuviera razón y que Dios ha sido hallado en posición reprochable, como si fuera una Deidad apática o insensible ("indiferente" tienen también esas acepciones), lo cual cae en el error del "Deísmo", falsa doctrina que dice que Dios se desentiende de sus criaturas, entre otros errores. ¡Sáquese, por favor tal "título"!

iv. Sobre Salmo 10

La Revisión de 1960 ha puesto: "Plegaria pidiendo la destrucción de los malvados".

Otro título interpretativo y recargado. La Versión Antigua dice: "Audacia e impiedad de los malvados", declaración más de acuerdo con el espíritu del texto y que no había razón alguna para cambiar.

v. Eliminación del término "MESÍAS", en títulos sobre clásicos pasajes Mesiánicos.

(a) Sobre Salmo 22, la Versión Antigua dice: "Descripción profética de los sufrimientos del Mesías".

Pero a los señores "revisores", les molestó eso del "Mesías" y la implícita referencia a la Cruz del Señor Jesucristo; desecharon tan santas palabras, correctas exegética, doctrinaria e idiomáticamente considerada y, sin ninguna razón válida, las reemplazaron con expresiones de mero lirismo en un "título" inexpresivo, minúsculo, que dice: "Un grito de angustia y un canto de esperanza".

¿Por qué tal cambio? ¿Para no "ofender" la incredulidad culpable de Judíos rebeldes y "modernistas" apóstatas, enemigos a una de la Cruz de Cristo?

(b) Sobre Salmo 69, la Versión Antigua dice: "Abatimiento del Mesías".

Pero otra vez los señores "revisores" desecharon la referencia Mesiánica, para reemplazarla con su lírico sonsonete: "Un grito de angustia" ¿Por qué?

(c) Sobre Isaías cp. 53, la Versión Antigua dice: "Sufrimientos del Mesías". Pero los señores "revisores" sacaron deliberadamente la palabra "MESÍAS" y en su lugar pusieron "Sufrimientos del Siervo de Jehová".

Por supuesto, no se nos escapa que la "sección" intitulada por la "Revisión de l960" (que cubre Isaías 52:13 a 53:12), tiene dos veces la expresión "Siervo de Jehová" (52:13 y 53:11) y que por lo tanto no es incorrecto, desde ese punto de vista, el "título" nuevo.

Pero tenemos una seria objeción: ¿Por qué los señores "revisores" desecharon la palabra "MESÍAS" que tenía la Versión Antigua? ¿Acaso el "Siervo de Jehová" NO ES el Mesías, o sea, el Señor Jesucristo?

La Versión Antigua, al decir: "Sufrimientos del Mesías", concuerda con lo que dijo Felipe el Evangelista cuando explicó esa misma "sección" de Isaías al eunuco de Candace (Hechos 8:34, 35) . La cuestión es entonces: ¿Por qué la Revisión de 1960 quitó lo que decía la Versión Antigua, que estaba bien expresado exegética y doctrinalmente y bien expresado en correcto y corriente idioma castellano? ¿Lo hizo para no comprometer opinión ni ofender a la incredulidad de judíos rebeldes y "modernistas" apostatas que dicen que "Siervo de Jehová" no tiene nada que ver con la persona del Mesías, sino —así dicen— con el "sufriente pueblo de Israel?"

Los señores "revisores" al hacer tal cambio, ya se comprometieron: pero no a favor de Felipe el Evangelista, ni Spurgeon, ni millones de fieles siervos de Dios, sino inclinándose sospechosa y culpablemente aún, a la apostasía ambiente.

(d) Sobre Miqueas cp. 5, la Versión Antigua dice: "Venida y reino del Mesías". Pero los señores "revisores" que evidentemente padecían de "Mesíasfobia", barrieron otra vez con toda alusión Mesiánica, poniendo en su lugar el siguiente "titulo": "EI reinado del libertador desde Belén".

Excusamos decir que el "título" de la Revisión de 1960 contiene un craso error, pues en ninguna parte de Miqueas cp. 5, ni en ninguna parte de la entera Biblia, se dice que ningún "libertador" reinará desde Belén. La Biblia dice que el lugar desde donde reinará el Señor será JERUSALEM. (Is. 24:23).

Es evidente: los señores "revisores" se muestran como inclinados a las tendencias más sospechosas Judeo–Modernistas. La eliminación reiterada del título "MESÍAS" sobre los pasajes Mesiánicos clásicos, lo prueba en alto grado.

vi. Sobre Salmo 49

La Revisión de 1960 ha puesto: "La insensatez de confiar en las riquezas".

La Versión Antigua dice: "Vanidad de las riquezas, sabiduría y honra humanas", sentencia ésta obviamente más completa e incisiva. ¿Por qué se dejó a un lado?

La Revisión de 1960 parcializó el sentido omitiendo sospechosamente asuntos muy importantes que, además de las cosas materiales, muestran la vanidad del orgullo espiritual del hombre. Muy sugestiva la omisión en la Revisión de 1960, sin causa que la justifique.

vii. Sobre Salmo 65

La Revisión de 1960 ha puesto: "La generosidad de Dios en la naturaleza".

Título que enfatiza sólo un aspecto del Salmo y omite lo mejor, lo espiritual que está contenido en los versículos 1 a 5, que transcribimos como prueba de nuestra afirmación:

"Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, y a ti se pagarán los votos. Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación..." (Copiado de la Revisión de 1960).

La parte más preciosa del Salmo, la parte que habla de la oración, el perdón de nuestras rebeliones, la elección de los escogidos, del templo, del Dios de nuestra salvación, ha sido pasada por alto como si no existiera, para enfatizarse solamente las nubes, las lluvias, los granos, los rebaños, los pastizales...

Muy sugestivo, muy sugestivo... y muy sospechoso. Otra vez los expertos aquí sienten ese husmillo a "modernismo" que es de lo más desagradable. ¡Cuidado, mucho cuidado!

viii. Sobre Salmo 134

La Revisión de 1960 ha puesto: "Exhortación a los guardas del templo".

Muy pobre la "interpretación" de la Revisión de 1960, pues reduce el Salmo a los "guardas del templo", cosa que: (1) si no se interpreta bien puede confundir al lector que puede pensar sólo en guardias tipo "policías" o meramente "porteros" sin apercibirse que también están allí los sacerdotes a cargo de los cultos; (2) no capta que el sentido del v. 3, "Desde Sión te bendiga Jehová, El cual ha hecho los cielos y la tierra" (copiado de la Revisión de 1960), no es una "exhortación que se da a los guardas", sino que es la respuesta que los sacerdotes del templo daban a los peregrinos, cosa que en cualquier comentario sano sobre los Salmos se puede leer.

De paso, nótese el afán de cambiar por cambiar, pues la Versión Antigua lee el v. 3 así: "Bendígate Jehová desde Sion" cosa que es mas correcta gramaticalmente y mas reverente espiritualmente pues pone primero a Dios y después al lugar, pero la Revisión de 1960 pone primero al lugar y después a Dios. Afán de cambiar por cambiar y no para mejor, por lo visto.

ix. Sobre Salmo 148

La Revisión de 1960 ha puesto: "Exhortación a la creación, para que alabe a Jehová".

Este es otro caso parecido al del Salmo 65, en que se enfatizan sólo los aspectos naturalistas, omitiéndose otros aspectos más importantes. En efecto, el Salmo 148 además de seres y cosas creados; habla también de reyes, príncipes, jueces, del pueblo del Señor y de los hijos de Israel, el pueblo a El cercano.

Debió hacerse distinción en el "título" pues "Creación", aparentemente amplio, no es término adecuado para las otras obras de Dios que requieren otros procedimientos, motivos y propósitos, que el mero Cosmos. La Versión Antigua dice: "Exhortaciones (nótese el plural, significando distinciones) a alabar a Dios". Es correcto. ¿Por qué se cambió?

x. Sobre la sección de Proverbios cps. 28 y 29

La Revisión de 1960 ha puesto: "Proverbios antitéticos".

No nos referiremos aquí a las sutilezas filosóficas ni a las implicaciones teológicas ultramodernistas contenidas en forma latente en el término "antitéticos", pues no creemos que estuvieron presentes ni incidieron en la mente y ánimo de los señores "revisores", cuando colgaron ese letrero altisonante dentro de la sencilla Palabra de Dios. Hécholes ese beneficio, ¿qué tenemos contra el uso de la palabra? ¿Acaso dentro de la Retórica, no significa simplemente: "contraponer frases de distinto significado"? ¿Y acaso no son de esa clase los proverbios de la sección intitulada?

Nada tenemos que objetar a todo ello. Pero hay, un hecho que debemos señalar y que no puede pasarse por alto. Es que NO SOLO en los cps. 28 y 29 hallamos proverbios de esa clase. También están y abundan, en los cps. 10, 11, 14 y 15, por citar ejemplos, pero la ‘Revisión", al poner "antitéticos" solamente sobre los cps. 28 y 29, da la impresión que sólo en esa sección se hallan y que por ello sólo a esa sección se la intituló así. Y ambas cosas son inexactas.

Además, tenemos el hecho de que se ha desechado lo que decía la Versión Antigua: "Otros proverbios de Salomón sobre diversos asuntos", sentencia correcta, que no contiene ninguna palabra en desuso en el idioma Castellano y que, además, reafirma la paternidad Salomónica del Libro de Proverbios, cosa que concuerda con la evidencia interna (ver cp. 1:1). Pero la Revisión de 1960 borró de sus "títulos" tal paternidad, cosa que alguien podría interpretar como incursión en el campo de la Crítica Literaria negativa... —pero no entremos en tales disquisiciones.

Otra vez nos vemos obligados a preguntar: Por qué tanto afán por cambiar?

xi. Sobre Hechos 1:12 a 24

La Versión Antigua dice: "Elección de Matías".

Pues oiga usted esto, hermano: la Revisión de 1960 se sintió, al parecer, en el honroso deber de vindicar tan horrenda omisión de "Judas", así es que desechó el enunciado de la Versión Antigua y colgó este "título": "Elección del sucesor de Judas". ¡Qué prurito de cambiar, sin ninguna razón!

Además eso de "SUCESOR" debió tener algún aditamento que indicara el carácter de esa "sucesión", dadas las implicaciones del caso pues tal como ha sido usado el término, resulta incorrecto si se lo coteja con el pasaje. Por ejemplo, el apóstol Pedro dijo: "uno sea hecho con nosotros testigo de su resurrección", (v.22) y en esto, Matías NO SUCEDE A JUDAS, pues el traidor no fue testigo de la resurrección del Señor Jesucristo. Estos aspectos no están incluidos, es obvio, en la sentencia de la Versión Antigua, pero al menos el énfasis de ésta va sobre el electo, un santo testigo; pero el énfasis de la Revisión de 1960 refiere a un hijo del Diablo.

xii. Sobre Ia Tes. 2:17 a 3:13

La Versión Antigua dice: "El amor de Pablo".

Pero la "Revisión de l960" —pues hermano, hay que cambiar— pone: "Ausencia de Pablo de la Iglesia". Otro cambio de frase totalmente innecesario, con el consiguiente cambio de énfasis. La Versión Antigua enfatiza el amor del apóstol, pero la Revisión de 1960 enfatiza su ausencia de la Iglesia... cosa ésta que si no se interpreta convenientemente puede resultar contraproducente.

xiii. Sobre Tito 1:5 a 16

La Revisión de 1960 ha puesto: "Requisitos de ancianos y obispos".

La Versión Antigua, por razones de compaginación, no señala los versos 5 a 8 de esa sección, que son los únicos que tratan sobre ancianos, pero señala la Sección mayor, que comprende los versículos 9 a 16 del pasaje y dice: "Los falsos maestros".

Tan importante porción del pasaje que trata de tan grave asunto, fue descartada por la Revisión de 1960 al redactar su "título". ¿Por qué? Hubiera podido redactarlo así: "Requisitos de ancianos y prevención sobre falsos maestros" ¿Verdad?

Además, el uso de la conjunción copulativa "y" en su título "Requisitos de ancianos y obispos", trae problemas, pues induce al lector a pensar que "ancianos" es una clase de oficio y que "obispos" es otra; cosa que, si bien hace aparecer a la Revisión de 1960 favoreciendo formas de gobierno eclesiástico discutibles (como la "episcopal" por ej.), la coloca irremisiblemente en contra de las claras enseñanzas del Nuevo Testamento que establecen que "ancianos" u "obispos", son uno y el mismo oficio y que la diferencia de palabras no significa "jerarquías" de los obispos sobre los ancianos, sino que simplemente señalan diferentes aspectos del mismo ministerio: el ministerio de los pastores de la Iglesia local. (Considérese, al respecto: los vv. 5 y 7 de la misma sección intitulada y también Hechos 20:17 y 28).

xiv. Sobre Ia Juan 1 :1-5

La Revisión de 1960 ha puesto: "La palabra de vida".

A simple vista hiere nuestra sensibilidad Cristiana, eso de leer "palabra" con minúscula, pues si se deseó que el "título" fuera equivalente a la expresión "Verbo de vida" del v. 1, entonces "Palabra" debió escribirse con mayúscula pues se trata de la Persona de Cristo, el Verbo. Por lo tanto, el "título", además de gramaticalmente incorrecto resulta espiritualmente irreverente.

Pero, si no se quiso referir al Verbo, entonces tenemos que reinterpretar el "título" para discernir en qué connotación fue basado y a qué —ya que no a quién— enfatiza y tal cosa hará obvio que no enfatiza a la Persona de la Santísima Trinidad que es preeminente en el pasaje.

Basta con lo expuesto, caro lector, para mostrar lo grave que es el hecho de incorporar "títulos" dentro de la Santa Palabra de Dios, pues tales "títulos" requieren ser interpretados y con ello, vienen a ser parte en la interpretación del pasaje y hasta pueden llegar a alterar el significado del Texto Bíblico.

¡Fuera del texto, pues, todos los títulos! Y algunos de ellos: ¡fuera también de las páginas!

Respétese, sin excepción alguna, la regla seguida en la Versión Antigua y vuélvase al enunciado de sus breves sentencias: sencillas en su expresión, sanas en su doctrina, reverentes en su redacción y prácticas, impresas fuera del Texto Bíblico (en la margen superior de las páginas) y en tipo de letra diferente (bastardilla o cursiva).

Sentencias fuera de texto, en la versión Antigua. Sugerimos que en futuras ediciones, se advierta al lector en un breve "Prefacio", que esas sentencias no traducen a los originales Hebreo y Griego; que han sido puestas simplemente como una guía sencilla para ayudar a visualizar rápidamente ciertos pasajes y servir, en ocasiones, como una también sencilla guía u orientación sobre el contenido general o algún aspecto destacable del Texto. De paso, digamos aquí que también debiera aclararse la presencia y el uso de las así llamadas "referencias".

 

 


 

[i] Armando Di Pardo
 

 

          


 

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